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Naturaleza, niños, y trabajo artesanal… ¿qué más se puede pedir?

Algunas veces pasa que, al sacar la nariz de mi gruta-taller como el Oso Cavernario, oler el aroma a flores y sentir en las patas el calorcito del sol, me animo a dejar la hibernación para el año que viene y salgo a ver mundo.

Ocurrió que, además, ayer era la Fiesta de la Primavera en los maravillosos Viveros de Ulia (Donostia-San Sebastián), un sitio estupendo para acercarse ahora que el tiempo acompaña, especialmente con niños.

Los Viveros de Ulia son un pequeño punto verde en la zona de Intxaurrondo-Ategorrieta que fue cedido por el Ayuntamiento de San Sebastián al proyecto “Uliako Lore-Baratzak” por medio de un concurso público. Este plan creado por los vecinos ha conseguido, en cambio, convertir el espacio en un parque de uso público y, con el trabajo voluntario de mucha gente, crear un lugar verde donde se planta, se juega, se come, se practica yoga, o se hacen talleres como el nuestro.

Yo ya conocía los viveros porque unos familiares míos son vecinos de la zona y andan metidos en el proyecto, y ya en la Fiesta del Otoño (2016) impartí un taller de pintura para niños que fue un gustazo. También fue allí donde hicimos las preciosas fotos de la colección “Into the Woods-En el Bosque” con el genial Ander Morea de Karobi Photo. Es un sitio mágico, como veis.

Esta vez me llamaron para impartir dos talleres en la Fiesta de la Primavera. Yo propuse uno de Telar Natural (tenía ganas hacía tiempo) y ellos pidieron uno de Espantapájaros (txori-malos dicen allí), que resultó ser genial.

 

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Este tipo de talleres son impredecibles. Nunca sabemos cuánta gente aparecerá, así que me limito a explicar cómo hacer el txori-malo o el telar y dejar que la gente se adueñe del taller. En seguida los niños se hacen los amos. Comprenden todo súper rápido, y con más o menos ayuda de los mayores, terminan haciéndolo todo mucho más divertido con sus ideas.

Hubo espantapájaros con boina (o txapela!), con gafas de sol, con capas de súperhéroe y con pañuelo en la cabeza. Hubo niños con un tesón a prueba de bomba tirándome de la manga de principio a fin del taller pidiéndome ayuda y nuevas explicaciones, “porque noséquién me ha quitado los ojos que yo había recortau” y “se me ha perdido mi trozo de tela de saco” y “cuando has explicado esto yo no estaba” y el más ternasco de todos: “a mí no me sale… – ¡Pero no llores! – es que no sé hacer nada bien”. Hubo madres y padres que aguantaron un sol de justicia y el estómago rugiente para llevarse a casa nuestro pequeño muñeco de vudú con los dedos llenos de cola y la espalda roja como un tomate. Cuando me fui a comer y dejé los materiales fuera, todavía hubo gente que se sentó en la hierba a hacer sus espantapájaros.

Por la tarde, los más valientes repitieron. Utilizando sólo lo que el parque produce y un poco de cuerda conseguimos un montón de telares preciosos. Gracias a mis esforzadas colaboradoras voluntarias hubo palos, cuerda y ayuda para todo el mundo, y me sorprendí con las combinaciones de hojas y ramas que me enseñaron los niños. Los talleres con ellos son siempre asombrosos.

¡Gracias a todos por un día espléndido!

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Author MB

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