O cómo fueron mis comienzos como feriante

 

¡Hola!

Con el verano en su momento más brillante y a punto de celebrar la Noche de San Juan, me decido a compartir con vosotros que este año he estrenado la vida de feriante. Y la verdad es que me ha sorprendido en muchos aspectos, y eso que aún me queda tela por descubrir.

He decidido compartir mis reflexiones con todos los amigos de La Fábrica para que, si este verano, en algún momento de vuestras bien merecidas vacaciones, ocurre que os topáis con un mercado artesano, tengáis en cuenta cómo se vive desde el otro lado y podáis empatizar con los currantes. Así, a lo mejor, el karma me lo devuelve en forma de miles de ventas y me hago millonaria, que es por lo que trabajo en el mundo creativo, no por nada más.

*¡Por cierto! Estad atentos -si os interesa- a las RRSS porque iré anunciando los mercados a los que iré con toda la familia de La Fábrica, animales, plantas, superhéroes y demás pandilla.

Mercado-Ame&Art-Junio-2017-Kursaal-Donostia-San-Sebastian
Mercado Ame&Art Junio 2017 Kursaal Donostia-San-Sebastian

 

Ahí van mis reflexiones, tanto para clientes y asiduos de los mercados como para artesanos novatos (como yo):

1. Cuando eres feriante, en invierno pasas mucho frío y en verano mucho calor. Ya sé que es una obviedad, pero es que la climatología no ayuda nada. Esta reflexión es sólo para dar pena.

2. Es curioso y triste ver cómo la gente mira tu producto –artesano, hecho a mano, a menudo pieza única, en el que has invertido ilusión y tiempo de diseño y de fabricación-, ves cómo les gusta, ves que lo quieren, y luego se echan atrás: “uy! qué caro…”. Querida señora en bañador: lo artesanal NO es caro. Caro es lo que tiene un precio por encima de su valor real, por encima de lo normal. Yo ajusto mis precios bastante, a veces demasiado, y conforme voy mecanizando algunos procesos, los productos se abaratan.

Cuando un artesano crea un producto, hay que pagarle el diseño, las horas de trabajo, los materiales (que cuestan dinero también!)… Yo también pago un alquiler y unos impuestos. Mis productos no son de primera necesidad pero están al alcance de todo el mundo. Tengo piezas más caras y piezas más baratas, pero todas cuestan exactamente lo que valen.

3. Es bueno saber distinguir entre los puestos de producto artesano y los que no lo son. Algunos mercados dicen ser artesanos, pero incluyen producto que no lo es. Así uno sabe lo que compra, que es algo que siempre está bien.

4. Los feriantes no son maniquís. ¡Tienen sentimientos! Se les puede saludar y devolver el saludo, e incluso preguntar qué tal están pasando el día, porque ellos están trabajando y tú estás de vacaciones. Compasión, hombre, compasión. Por más que te den la tabarra no tendrás que comprar nada que no quieras, y ¡hablar con la gente es una de las mejores cosas de los mercados!

5. Consejos de urbanidad: los productos no se tocan y luego se dejan conforme vas paseando. Yo siempre permito tocar las piezas si se tiene interés, pero al menos párate, saluda al artesano, pide permiso y luego déjalo donde estaba con cuidado. No dejes a tus hijos solos y estate atento. Y no cojas una tarjeta si la vas a tirar media hora después, que te he visto. Parece básico pero prometo que hace falta recordarlo. Gracias a todos aquellos que cumplís.

6. Las ferias son un lugar estupendo para descubrir quién es tu público ideal y sorprenderte con las excepciones. Por supuesto, yo siempre cuento con niños asomados a la mesa, pero me encanta descubrir cuántos adultos se llevan un animalito simplemente porque les gusta, los abuelitos que regalan un erizo a su señora, la cantidad de fans de Batman que hay de todas las edades y sexos… la gente siempre es sorprendente y divertida.

7. Me encantan las relaciones que se establecen con el resto de artesanos. He tenido la suerte de compartir mercado con gente estupenda y muy trabajadora, que ayudan a no sentirse solo -aunque yo siempre tengo ayudante y la mejor compañía 😉 – y te dan consejos y otro punto de vista. Gracias a los mercados conoces a posibles partners y haces amistades que comparten tu misma situación y preocupaciones. Por citar algunos, a mi querida María, de Orión – Joyería de Autor, o a las recientes adquisiciones de Silvia, de PausaDaMente o Vivi, de Les Emmés.

8. Hay un gran negocio montado en torno a los artesanos y las ferias de creativos. No es una crítica, sino una observación. Cada cual hace negocio como mejor sabe, y eso está bien. Yo sería incapaz de organizar y montar un evento de ningún tipo, con lo cual mi más sincera admiración a los buenos organizadores. No obstante, artesanos novatos como yo, ojito con la mala organización, porque gastarse dinero en participar en un mercado (¡sí, amigos clientes, hay que pagar!) para que luego los resultados no cuadren ¡es más común de lo que parece! Hay que tener bien claro a dónde se va.

9. Los artesanos y los creativos son tantos y con tanto talento que es un disfrute dejar el puesto un momento a cargo de otra persona y darse un descanso para ver el resto de paradas. Hay que luchar a brazo partido para no caer en la tentación de gastarse todas las ganancias del día en el resto de puestos… ¡Y no digamos en mi caso si hay foodtrucks! Muy importante llevarse la comida y el agua de casa para no pecar! 😉

10. Pero sobre todo, ¡sobre todo! importantísimo es no desanimarse cuando los resultados no son los que una espera. A mí todo el mundo me ha dicho que las ferias son para darse a conocer, y como en todo, en las ferias y mercados hay días buenos y días malos. Lo mejor es elegir bien y optar por pasar un buen día con tus piezas y con la gente.

¡Buen verano a todos! Y recuerda, si ves un artesano, sé amable… ¡tráele una cervecita!

Mercado-Ame&Art-Junio-2017-Kursaal-Donostia-San-Sebastian
Mercado Ame&Art Junio 2017 Kursaal Donostia-San Sebastián

 

 

Author MB

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